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LA SALUD Y LA MEMORIA
Cuidar nuestra salud
física y mental puede tener importantes efectos
benéficos sobre nuestra memoria. Una mala salud, e
incluso, enfermedades menores como el catarro o la monga pueden
interferir con nuestra capacidad de retención. El
alcohol también puede hacer que nuestra memoria funcione
pobremente y en ocasiones que deje de funcionar.
También sabemos que es posible preparar nuestra memoria para
funcionar mejor que lo usual. Hace un tiempo se descubrió
que ingerir azúcar durante o poco después de aprender
algo ayuda a retener mejor lo aprendido. El ejercicio regular
incrementa nuestra vitalidad y energía predisponiéndonos
a aprender y memorizar mejor. La relajación
por medio de técnicas como el yoga reduce el estrés y
permite que la memoria funcione mejor. Por otra parte, muchas
personas indican que una de las mejores horas para aprender es poco
antes de irse a dormir. Aparentemente durante el periodo de
sueño las memorias se consolidan y fortalecen. Es sabido
que a las personas que no duermen bien se les afecta la memoria.
Se ha encontrado que el ginkgo biloba,
al igual que nutrientes como la lecitina,
una sustancia grasosa que se encuentra naturalmente en la sangre,
puede ayudar en algunos casos de pérdida de la memoria en
personas mayores. Es preferible ingerir la lecitina en su forma
purificada conocida como colina o "phosphatidil choline." |
EL EJERCICIO Y LA MEMORIA
En un estudio llevado
a cabo en 1989 en el Centro Médico de la Administración
de Veteranos de Salt Lake City, Utah el Dr. Robert Dustman
encontró que tanto hombres como mujeres que participaron en un
programa de ejercicios y acondicionamiento físico de cuatro
meses aumentaron su capacidad para recordar secuencias
numéricas y para utilizar el pensamiento abstracto.
También aumentó su capacidad y rapidez para hacer
cálculos matemáticos y para comprender nuevos
conceptos. Todo esto en adición al beneficio de sentirse
más fuertes y enérgicos.
Las personas que participaron en este estudio tenian entre 55 y 70
años y estaban muy fuera de forma al comienzo del estudio.
El programa consistió de una hora de ejercicios tres horas a
la semana durante la cual se practicaba una caminata vigorosa como
ejercico aeróbico, ejercicios con pesas, lagartijas (push ups)
y ejercicios de flexibilidad. Los ejercicios iban dirigidos a
llevar el ritmo cardiaco de las personas hasta un 60% del nivel
máximo para su edad.
Al parecer la clave de estos resultados está en la capacidad
del ejercicio para aumentar el flujo de oxígeno al
cerebro. Según muchos fisiólogos esto incrementa
la función cerebral. |