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Efectos de la restricción calórica

El envejecimiento es un proceso muy complejo y no todos los órganos del cuerpo humano envejecen al mismo ritmo. Algunos estudios parecen indicar que una reducción drástica, de hasta 40 por ciento en la cantidad de calorías ingeridas diariamente puede reducir el ritmo de envejecimiento de numerosos órganos y reducir el riesgo de cáncer, diabetes y otras enfermedades. Sin embargo, son pocas las personas que están dispuestas a reducir su consumo de calorías de forma tan extrema, además de que una reducción tan grande de calorías puede hacer que la persona se sienta continuamente hambrienta y friolenta. En un estudio llevado a cabo con ratas por investigadores de la Universidad de Florida y publicado en la revista profesional Antioxidants and Redox Signaling, se encontró que una reducción de calorías mucho menor, de alrededor de un ocho por ciento, combinada con ejercicio moderado, equivalente a una corta caminata diaria, a través de la vida puede proveer grandes beneficios a la salud en general, además de proteger el hígado de los daños causados por el envejecimiento. La protección del hígado es sumamente importante ya que este órgano lleva a cabo funciones tales como limpiar la sangre y regular el sistema inmunológico.

En el estudio se encontró que las ratas que comieron todo lo que deseaban y que además no hacían ejercicio desarrollaron un aumento en la cantidad de moléculas dañinas con efectos oxidantes e inflamatorios en el hígado, mientras que las otras ratas a las que se les suplió un poco menos de comida que a las otras y que hicieron ejercicio tuvieron una reducción en la cantidad de estas moléculas dañinas.

Según Christiaan Leeuwenburgh quién fuera el principal autor de este estudio los resultados del mismo apoyan la teoría de que la muerte de las células y los daños a los órganos relacionados con el envejecimiento son causados por moléculas inestables llamadas radicales libres, por la oxidación celular y la inflamación. La reducción de calorías previene la muerte celular y reduce la inflamación, según éste.

En general, los estudios con humanos han demostrado algunos efectos positivos relacionados con la salud, pero también se han encontrado efectos negativos. Entre los efectos positivos figuran una reducción en el riesgo de arterioesclerosis, reducción en los triglicéridos y el colesterol de baja densidad, mejoría en la sensitividad a la insulina y reducción de algunos factores metabólicos y hormonales que han sido asociados a varios tipos de cáncer.

Cuando la restricción calórica alcanza niveles extremos se produce pérdida de masa muscular, debilidad, edema, irritabilidad, problemas neurológicos, depresión y otros problemas. Aún en casos de una restricción calórica moderada se puede producir una desmineralización de los huesos, una reducción en la actividad del sistema inmunológico aunque existe evidencia de que la pérdida de masa ósea puede cesar luego de un tiempo en este tipo de dieta. También esta pérdida puede minimizarse con el ejercicio y con el uso de suplementos de calcio y vitamina D. Sin embargo, en personas que poseen un bajo nivel de grasa corporal la restricción calórica aún a niveles moderados pudiera ser dañina. También puede ser contraproducente en personas de 21 años o menos. Esta es una época en la que están ocurriendo en el cerebro y otras partes del cuerpo, cambios necesarios relacionados con el desarrollo y la restricción calórica puede interferir con los mismos. Igualmente la restricción calórica no se recomienda para mujeres embarazadas o que desean quedar embarazadas.

Existen varias teorías que intentan explicar los efectos de la restricción calórica sobre el proceso de envejecimiento. Una de ellas tiene que ver con un gen llamado Sir2 que protege a las células cuando estas están bajo algún tipo de estrés y que es activado por la escasez de calorías. Otra teoría señala que con la restricción de calorías las células generan menos cantidad de las sustancias conocidas como radicales libres que pueden causar daños a las células. Otra posibilidad que se estudia es que al restringir las calorías el cuerpo pierde grasa y por lo tanto necesita menos energía. La fuente principal de energía en el cuerpo es la glucosa. Mientras más glucosa hay en la sangre mayor es el nivel de un proceso llamado glicación en el cual las moléculas de glucosa se unen a proteínas y reaccionan con estas produciendo finalmente una serie de sustancias no funcionales que interfieren con el trabajo de las células. La restricción calórica hace que se reduzca este proceso dañino.

Alternativas a la restricción calórica

En algunos de los estudios llevados a cabo el número de calorías consumidas se ha reducido a la mitad o incluso algo menos de la mitad de las calorías que normalmente se consumen. Obviamente, no es de esperarse que este tipo de dieta se convierta en una muy popular a pesar de los beneficios que se le atribuyen. Lo cierto es que muchas personas que siguen una dieta de este tipo reportan problemas tales como estar siempre hambrientos y sentirse friolentos. Una reducción de calorías también puede ser peligrosa en personas de más de 65 años de edad ya que a esa edad se está perdiendo masa muscular y la reducción de calorías puede acelerar este proceso. Sin embargo, para muchas personas una reducción de calorías moderada puede ser sumamente beneficiosa. Con una reducción moderada de calorías no se obtienen los beneficios extremos que se logran con una reducción radical pero sí se obtienen una serie de beneficios similares aunque en un grado menor. Entre estos figuran una menor incidencia de arteriosclerosis y diabetes, y una reducción en la presión arterial.

Otra alternativa que ha sido propuesta y que parece ofrecer beneficios similares a la restricción de calorías es el ayuno intermitente. Una forma de ayuno intermitente consiste en ayunar un día si y otro no. En el día que no se ayuna la persona puede comer normalmente sin ninguna restricción. Algunas personas que han probado este tipo de dieta reportan sentirse más enérgicos, sufrir menos alergias, además de mejorar una serie de parámetros de salud. Aunque los beneficios a la salud de ambos tipos de dieta pareces ser similares es posible que funcionen de un modo un tanto distinto. Según Mark Mattson, investigador en Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de los Estados Unidos, localizado en Baltimore la restricción calórica parece reducir más la formación de radicales libres mientras que el ayuno intermitente aparentemente aumenta la resistencia de las células a diversos tipos de estrés que pueden causar enfermedades. Estudios llevados a cabo con ratas parecen indicar que el ayuno intermitente puede ayudar a prevenir o retardar el progreso de enfermedades como el mal de Parkinson, el Alzheimer y la enfermedad de Huntington.

Los estudios con seres humanos han demostrado algunos efectos positivos relacionados con la salud, pero también se han encontrado efectos negativos.

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